Comienza aquí una serie de cuarenta textillos en prosa anteriores a que se pusiera de moda la palabra microrrelato. Los escribí hacia 1991.
1
Una muchacha viene caminando desde un bosque sobrevolado por mirlos. Sus pasos son lentos, contrastando con los agitados movimientos de los pájaros, que en parte la siguen y en parte continúan sobre los árboles. El vestido blanco y vaporoso deja adivinar su forma aun en la distancia, el vello del pubis se vislumbra, así como los pechos y las rodillas. De repente, tras un grito desesperado y agudísimo, los mirlos lanzan sus picos sobre ella. Mil puntas naranjas se clavan en ella rompiendo el vestido y hendiendo la tierra. De ella mana una sangre negra, un chorro que salpica una nube. Del suelo corre un hilo que forma un charco en una hondonada. Los mirlos bajan a beber con sus cabezas también rotas y que ahora son emplumados agujeros. La muchacha abre sus alas y desaparece en las alturas.
1
Una muchacha viene caminando desde un bosque sobrevolado por mirlos. Sus pasos son lentos, contrastando con los agitados movimientos de los pájaros, que en parte la siguen y en parte continúan sobre los árboles. El vestido blanco y vaporoso deja adivinar su forma aun en la distancia, el vello del pubis se vislumbra, así como los pechos y las rodillas. De repente, tras un grito desesperado y agudísimo, los mirlos lanzan sus picos sobre ella. Mil puntas naranjas se clavan en ella rompiendo el vestido y hendiendo la tierra. De ella mana una sangre negra, un chorro que salpica una nube. Del suelo corre un hilo que forma un charco en una hondonada. Los mirlos bajan a beber con sus cabezas también rotas y que ahora son emplumados agujeros. La muchacha abre sus alas y desaparece en las alturas.
Comentarios
No me atrevo yo a citar semejanzas, pero te aseguro que tienes mi lectura.
Un saludo!
¡O sea muy bueno!