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Acompaño a los demás hombres hasta la boca de la mina, les digo que he olvidado una mecha y que tengo que regresar urgentemente a casa. Allí les dejo, perdiéndose en la sombra descendente, luces que se alejan hacia lo hondo de la tierra. En el camino a casa me adentro en una arboleda, umbría también, pero ella deja pasar los rayos de sol, y allí el día y la noche son diferentes.
En la blanca corteza de un robusto álamo grabo los nombres de quienes han comenzado su jornada, apoyo mi frente sobre el tronco y susurro las palabras que he juntado para la ocasión. Entonces vuelvo sobre mis pasos, salgo del terreno desbrozado junto a la mina, y a la entrada de ésta enciendo una hoguera. Una hoguera que luego apagará el alud que provoco y sella la mina. Es enorme el ruido, y la polvareda —aun en el alto donde estoy— me hace toser y llorar.
En el abrevadero me lavo las manos y los ojos.
Acompaño a los demás hombres hasta la boca de la mina, les digo que he olvidado una mecha y que tengo que regresar urgentemente a casa. Allí les dejo, perdiéndose en la sombra descendente, luces que se alejan hacia lo hondo de la tierra. En el camino a casa me adentro en una arboleda, umbría también, pero ella deja pasar los rayos de sol, y allí el día y la noche son diferentes.
En la blanca corteza de un robusto álamo grabo los nombres de quienes han comenzado su jornada, apoyo mi frente sobre el tronco y susurro las palabras que he juntado para la ocasión. Entonces vuelvo sobre mis pasos, salgo del terreno desbrozado junto a la mina, y a la entrada de ésta enciendo una hoguera. Una hoguera que luego apagará el alud que provoco y sella la mina. Es enorme el ruido, y la polvareda —aun en el alto donde estoy— me hace toser y llorar.
En el abrevadero me lavo las manos y los ojos.
Comentarios
Es como un buen cortometraje, magnífico.
Y..., pero..., te araña el "estómago" hasta dejarlo "vacío".
Amén