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Taciturno, tras una mesa cubierta de pedrería, un hombre joven, pálido, enfermizo. Nada rompe su silencio, ni siquiera una muchacha que se le acerca y clava alfileres en su cuello.
La madre de él entra en la sala. Acerca un yelmo de oro a la enjoyada mesa, trae un escoplo y un mazo, y toma de la mano a la muchacha. Desde la ventana se ve a un ahorcado que cuelga.
A una orden de la mujer, la chica se arrodilla y echa el cuerpo para adelante, se apoya sobre las palmas de indilucidables líneas y alza las caderas. El joven no puede evitar que una lágrima escinda su mejilla, línea brillante como oscura la de la carne oferente.
Golpes sobre la mesa. Se arrancan ágatas y gemas. Un diamante más que mediano muestra todas sus facetas. A la lágrima primera suceden otras, y pronto el llanto crece. Tiene una misión el llanto: ayuda a abrir el ano. Ópalos y esmeraldas por el recto.
Taciturno, tras una mesa cubierta de pedrería, un hombre joven, pálido, enfermizo. Nada rompe su silencio, ni siquiera una muchacha que se le acerca y clava alfileres en su cuello.
La madre de él entra en la sala. Acerca un yelmo de oro a la enjoyada mesa, trae un escoplo y un mazo, y toma de la mano a la muchacha. Desde la ventana se ve a un ahorcado que cuelga.
A una orden de la mujer, la chica se arrodilla y echa el cuerpo para adelante, se apoya sobre las palmas de indilucidables líneas y alza las caderas. El joven no puede evitar que una lágrima escinda su mejilla, línea brillante como oscura la de la carne oferente.
Golpes sobre la mesa. Se arrancan ágatas y gemas. Un diamante más que mediano muestra todas sus facetas. A la lágrima primera suceden otras, y pronto el llanto crece. Tiene una misión el llanto: ayuda a abrir el ano. Ópalos y esmeraldas por el recto.
Comentarios
Lo enlazo en el mío.
He leído su estupenda antología de poemas gaélicos escoceses, pero como el ejemplar no era mío, ¡ay! Fuese y no hubo más.
Yo, hormiguita de un solo ojo y cada vez menos oído, me atribuyo el ser traductora del Táin por antonomasia, el de la redacción I y Mael María mac Célechar.
Dochum glóire Dé agus onóra na hÉirinn...
Como me conoces, sabrás de sobra que me encanta!
Beannachtaí!