Hacía algún tiempo que no dejaba aquí ningún poema propio. Éste es el más reciente:
MONEDAS
Moneditas del alma
(Antonio Machado)
Caen del bolsillo,
y antes de que se mezclen con las otras
examino su níquel y su cobre:
los quarters y los dimes y tantos pennies
con rostros de lejanos presidentes
y el Memorial de Lincoln, que nos dio
refugio un mediodía caluroso.
Esta nos la dieron con la vuelta
de ese bar en que tomamos sidra en Boston;
ésta es de la comida en un museo
que atesora ya la memoria;
ésta emerge brillante de la niebla
que rompen los tranvías de San Francisco;
y también está, sucia y triste,
aquella que negué a una mendiga
en la boca del metro, en Nueva York,
y esa otra, que fue oro viejo en la mesa
de un atardecer frente al Pacífico.
Poseen más valor que el que declaran.
E PLURIBUS UNUM: monedas
de un viaje que hicimos de la mano,
desde el Este al Oeste, cruz y cara,
unidos, como dice en su inscripción
este metal que ahora tintinea.
MONEDAS
Moneditas del alma
(Antonio Machado)
Caen del bolsillo,
y antes de que se mezclen con las otras
examino su níquel y su cobre:
los quarters y los dimes y tantos pennies
con rostros de lejanos presidentes
y el Memorial de Lincoln, que nos dio
refugio un mediodía caluroso.
Esta nos la dieron con la vuelta
de ese bar en que tomamos sidra en Boston;
ésta es de la comida en un museo
que atesora ya la memoria;
ésta emerge brillante de la niebla
que rompen los tranvías de San Francisco;
y también está, sucia y triste,
aquella que negué a una mendiga
en la boca del metro, en Nueva York,
y esa otra, que fue oro viejo en la mesa
de un atardecer frente al Pacífico.
Poseen más valor que el que declaran.
E PLURIBUS UNUM: monedas
de un viaje que hicimos de la mano,
desde el Este al Oeste, cruz y cara,
unidos, como dice en su inscripción
este metal que ahora tintinea.
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