ALFARERO
Cogió una masa de arcilla,
se reclinó sobre su torno,
la arrojó de cierto modo,
y la hizo girar. Podías
sentir sus pulgares biselando
el borde: girando, girando, girando.
Luego la tiró, la apretó, dejó
que la arcilla se hiciera surtidor
que se elevaba, controlado por el aire;
después lo dejó ir, y más tarde
bajo el penacho de arcilla
dio un corte: así lo convertía
en un perfecto y moldeado cuenco.
Otros tres cuencos salieron
de esa columna de arcilla,
consecuciones, finales.
Después tomaron
estas cuatro perfecciones como un libro acabado
y cerraron las páginas sus manos abiertas;
aplastaron arcilla contra arcilla. Con burla
sonreía anulando su arte. Mientras
que sólo la masa informe permanece y dura.
Cogió una masa de arcilla,
se reclinó sobre su torno,
la arrojó de cierto modo,
y la hizo girar. Podías
sentir sus pulgares biselando
el borde: girando, girando, girando.
Luego la tiró, la apretó, dejó
que la arcilla se hiciera surtidor
que se elevaba, controlado por el aire;
después lo dejó ir, y más tarde
bajo el penacho de arcilla
dio un corte: así lo convertía
en un perfecto y moldeado cuenco.
Otros tres cuencos salieron
de esa columna de arcilla,
consecuciones, finales.
Después tomaron
estas cuatro perfecciones como un libro acabado
y cerraron las páginas sus manos abiertas;
aplastaron arcilla contra arcilla. Con burla
sonreía anulando su arte. Mientras
que sólo la masa informe permanece y dura.
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Un saludo