
El sábado 16 de agosto, Alan Stivell dio un concierto en Saint-Quay-Portrieux, al que, por alejarnos de la ruta, no pude asistir. Ya tenía reservada habitación en Guingamp, y no me seducía la idea de regresar del concierto por carreteras desconocidas, de noche, con ganas de pisar el acelerador contagiado por los ritmos de un plinn bretón o un reel de Irlanda pasado por la sensibilidad bretonante de Stivell. Además, ¿cómo asistir al concierto sin mojarme los labios de sidra o de cerveza, y cómo conducir después con un mínimo de seguridad? Y, por último, la razón más poderosa: ¿cómo recuperar, remedo de lo auténtico, la juventud perdida? Este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la recuperación del arpa céltica en Bretaña, labor a la que se dedicó su padre y que desde muy niño Alan tomó como el motor de su propia vida, hasta hoy mismo. Alan Stivell tocó hace un cuarto de siglo en Sevilla, en el solar de la Maestranza de Artillería en el que luego vendría a edificarse el Teatro Maestranza. Fui con unos amigos tan locos como yo, con una pancarta en bretón. Aunque no todos los asistentes iban a lo mismo. No es broma: el grupo que teníamos al lado pensaba que aquello era un concierto de Al Stewart...
Cuando lo escuchábamos en un tocadiscos polvoriento en casa de mi amigo Sergio nos parecía que, no recuerdo ya en qué canción, invocaba a América, América. A Armórica, a Armórica era a lo que invocaba.
Cuando lo escuchábamos en un tocadiscos polvoriento en casa de mi amigo Sergio nos parecía que, no recuerdo ya en qué canción, invocaba a América, América. A Armórica, a Armórica era a lo que invocaba.
Comentarios
Buenísimo lo de Al Stewart, también escocés de pro. Un abrazo.