
Uno de los poemas de Yeats que he traducido recientemente y que aparecerá en la edición de su Poesía completa, que ultimo para Pre-Textos. Es un monólogo dramático escrito bajo la máscara femenina de "Una mujer joven y vieja":
SU VISIÓN EN EL BOSQUE
Leña seca bajo el feraz follaje,
a medianoche -oscura como vino-
en el bosque sagrado, ya muy vieja
para el amor de un hombre, enfurecida
hombres imaginé. E imaginando
con un dolor mayor calmar el leve,
o por ver si la sangre en las marchitas
venas corría aún, herí mi cuerpo,
por cubrir con su vino todo aquello
que pudiese evocar un labio amante.
Después alcé los dedos sobre mí;
oscuras como vino, vi las uñas,
o esa oscuridad que descendía
de las puntas de dedos marchitados;
mas lo oscuro se hizo rojo, y refulgieron
antorchas, y una música estridente
las hojas agitó; una muchedumbre
cargaba la camilla de un herido
o las cuerdas pulsaba, recitando
cómo la bestia dio su fatal golpe.
Majestuosas mujeres se movían
al ritmo de ese canto, con cabellos
desordenados o frentes pesarosas,
la tropa de un pintor del Quattrocento...
una imagen descuidada de Mantegna.
¿Por qué creerán que siempre serán jóvenes?
Contagiada del duelo, finalmente
contemplé yo su pecho embadurnado
en sangre, y con las otras entoné
también mi maldición. Aquella cosa
ahora sangre y cieno, ese despojo,
volviéndose hacia mí fijó sus ojos
en estos míos, y aunque había vuelto
el sabor agridulce del amor,
esos cuerpos de un cuadro o una moneda,
ebrios de su canción como de vino,
ni vieron caer mi cuerpo ni lo oyeron
gritar, y no supieron que el infausto
no era símbolo o emblema: sólo era
víctima de mi amor y su verdugo.
a medianoche -oscura como vino-
en el bosque sagrado, ya muy vieja
para el amor de un hombre, enfurecida
hombres imaginé. E imaginando
con un dolor mayor calmar el leve,
o por ver si la sangre en las marchitas
venas corría aún, herí mi cuerpo,
por cubrir con su vino todo aquello
que pudiese evocar un labio amante.
Después alcé los dedos sobre mí;
oscuras como vino, vi las uñas,
o esa oscuridad que descendía
de las puntas de dedos marchitados;
mas lo oscuro se hizo rojo, y refulgieron
antorchas, y una música estridente
las hojas agitó; una muchedumbre
cargaba la camilla de un herido
o las cuerdas pulsaba, recitando
cómo la bestia dio su fatal golpe.
Majestuosas mujeres se movían
al ritmo de ese canto, con cabellos
desordenados o frentes pesarosas,
la tropa de un pintor del Quattrocento...
una imagen descuidada de Mantegna.
¿Por qué creerán que siempre serán jóvenes?
Contagiada del duelo, finalmente
contemplé yo su pecho embadurnado
en sangre, y con las otras entoné
también mi maldición. Aquella cosa
ahora sangre y cieno, ese despojo,
volviéndose hacia mí fijó sus ojos
en estos míos, y aunque había vuelto
el sabor agridulce del amor,
esos cuerpos de un cuadro o una moneda,
ebrios de su canción como de vino,
ni vieron caer mi cuerpo ni lo oyeron
gritar, y no supieron que el infausto
no era símbolo o emblema: sólo era
víctima de mi amor y su verdugo.
Comentarios
Felicidades.
Sergio Astorga
Gracias. Qué haríamos sin traductores:-)
¿Y para cuando podremos hincarle el diente?????????
Un abrazo