ERA en la alegre mocedad de nuestras bocas,
en los días de gracia perenne en la memoria.
Recuerdo aquellas tardes, el parque solitario,
cómo sobre la prohibida hierba anochecida
jugaron al coger tus labios y los míos.
en los días de gracia perenne en la memoria.
Recuerdo aquellas tardes, el parque solitario,
cómo sobre la prohibida hierba anochecida
jugaron al coger tus labios y los míos.
Comentarios
Qué metáfora más tierna la del final.
"...sobre la prohibida hierba anochecida", me encanta.
Saludos, Antonio.
Está claro: estos versos suponen un verdadero placer para el ánimo y los sentidos.
No me hubiera importado en absoluto haber escrito este poema.
Gracias, poeta, por tu lucidez, tan cercana.
Será de un viejo poemario inédito, pero suena como si estuviera pensado hoy mismo. Precioso.
Un abrazo