I
Sobre un tocón musgoso, tu cabeza,
las mechas de tu pelo desatadas;
jamás imaginara el viejo roble
brotes más hermosos que los tuyos.
Dos gotas de sudor luce tu frente,
medallas que ganaste al perseguirnos
por medio de este bosque y sus leyendas.
Dos fardos caídos nuestros cuerpos,
dos fardos de amor que abren sus telas
y exponen sus tesoros sobre el verde.
II
Este bosque fue nuevo por nosotros,
nosotros renovamos su espesura,
aquí trajimos luz y primavera.
En el New Forest, Hampshire, Inglaterra.
En un bosque sagrado en la memoria.
En un lugar que nunca se marchita.
Este poema se ublicó en Bajo otra luz, un cuaderno que publiqué allá por el 1989.
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