En mí, Antonio Rivero Taravillo,
la boda articulada de dos nombres
que, juntos, en las venas se confunden,
los ecos de familias que se ensanchan
hasta ser este erial en que terminan.
¿Un nombre largo? Largo es el olvido.
Yo los conservo en cuanto escribo
como una alianza perdurable,
porque en el fondo sé que significan,
–jornadas de cortejo y de paseos,
el dolor, la emoción, lo compartido–
sinónimos que esconden los más íntimos
Fernando y Manolita.
Nunca
dos nombres se fundieron con más fuerza,
pues no firmo con tinta: firmo sangre
transparente en sus sendos apellidos,
como esos pegamentos que, al soldarse,
se hacen aleación indivisible.
Comentarios
Felices Fiestas, Antonio, y buen año.
Es mas, yo quisiera haberlo escrito, pero te me has adelantado y , como dicen los mexicanos, "ya ni modo".
Un abrazo y Feliz Navidad
Un abrazo.
Precioso, Antonio Rivero Taravillo.
Recuerdo que cuando estuve en la Universidad de Aberdeen nos recomendaron, para evitar confusiones, que utilizáramos nuestros dos apellidos unidos por un guión. Así, allí era yo Bernardo Rivero-Taravillo.
Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para tí, para Teresa, y para todos los amigos de tu blog.
Bernardo Rivero Taravillo (con dos apellidos también).