El timbre está sonando: alguien que llama
a la puerta de casa de mis padres
(la hija de los nuevos propietarios,
la vecina de arriba, el panadero...).
El timbre está sonando, pero dentro
los muebles son distintos, y las lámparas.
Mis hermanos y yo no lo oímos,
jugando en el balcón hoy más remoto.
El timbre está sonando. A la mirilla
no acuden nuestros ojos. Un extraño
corre por el pasillo hasta la puerta
a abrir al otro extraño que ha llamado.
El timbre está sonando. Reverbera
en esta habitación a tres kilómetros
treinta años después. Alguien que llama
e ignora las mudanzas, las arrugas y grietas.
El timbre está sonando en esa puerta
que lleva a la salita de mi infancia.
Y mi padre no sabe, en su despacho,
que hoy tampoco he hecho los deberes.
Comentarios
Un abrazo.
Muy eomocionante, Antonio.
Habremos acertado en nuestras vidas?