Buscaros en la guía telefónica
y planear el golpe,
vecinos del segundo y de mis once abriles,
testigos de otro crimen: aquel tiempo
que nos fue arrebatado, como un reloj de oro
que marcaba otras horas y fechas,
a punta de navaja y cumpleaños.
De noche penetrar en vuestras casas
y tomar el botín, mientras dormidos
abrazáis a la esposa, o divorciados,
roncáis soñando
con vuestra propia infancia. Entonces
sacar de entre el serrín de vuestro hoy
los recuerdos de tardes en el parque
y aquellos balonazos que paraban mis gafas;
coger de la memoria los cristales
y juntos recuperar la pelota
embarcada en el balcón del olvido.
En alguna neurona vuestra, tengo
once años aún. Devolvédmelos.
Pero no por nostalgia: deseando
que todo hubiese sido diferente.
Comentarios
Efectivamente, la nostalgia se ha troncado en otra cosa.
"A punta de navaja y cumpleaños..." También mis gafas pararon algunos balonazos, "coger de la memoria los cristales", así, sencillamente, viajamos en el tiempo hasta tu infancia y la nuestra. Pero no por nostalgia...
Le felicito, maestro.
Esos balones rompedores de gafas y con tendencia a embarcarse, me hicieron alguna vez llegar a las “glarimas” (mi palabra aragonesa preferida, lo siento, pero no he podido resistir la tentación.-)
Un saludo, Antonio.