
"Para mí, un poema es un lugar en el que uno invita a entrar a alguien. Uno construye una casita, lo pone todo mono. Dentro, tiene... un cuadro en la pared, un sofá nuevo, cacharros de adorno y souvenirs, una suculenta comida puesta en la mesa , y uno abre la puerta y espera que alguien entre..."
Publicado en Poetry Review
Hasta aquí la cita, pero cuidado: no pongamos demasiada azúcar en el café del lector que nos visita. Y, además, ¿no es también cierto que la poesía de uno puede ser una cueva, muy lóbrega a veces, y no siempre hospitalaria, ni bonita? Siempre se quiere que entre alguien, es cierto. ¿Para invitarlo a comer o para devorarlo?
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También puede darse el caso opuesto, que tu casa bien adornada y fresca sea invadida por un alma mezquina o grotesca.
¿Y si colgáramos en la poesía, como en la casa, "reservado el derecho de admisión"?