LA ISLA DE MARGIT
El chico había muerto. Lo supimos
en el acto, yo dije “Es gibt kein Luft.”
Con tanto frío hubiéramos tenido
que ver la chimenea de su aliento.
Me alegré de hablar alemán. La escena,
un parque en Budapest.
Los paseantes
hacían eso, y mirarnos. El gordo
alemán asomó y se encogió de hombros.
Se fue y llegó una prostituta rica
y hortera. Fue la primera y única
en tocarlo.
Las dos de la mañana.
Nada ocurrió. “Vendrá la policía,
y estamos sin papeles,” me inquieté.
“No preguntarán nada,” dijo Patrick.
Entonces frenó una ambulancia, sin
que nadie más lo hiciera.
Mas lo izaron,
y cayó su capucha. Nuestro grupo
vio que ahora era una chica. Podía
haber muerto por las drogas o el frío,
apuñalada, ahorcada, violada;
mejor era el suicidio.
Se marcharon.
Nunca sabremos nada. Nos pasamos
el día en la tensa conspiración
de las víctimas, y un oficinista
en comisaría anotaría algo
que iría a una caja.
Un año y medio
y yo habría hecho igual casi seguro.
Puede que en Hungría arrojaran luz
sobre por qué murió, pero la luz
que se arroja sobre una muerte no es
lo que yo llamo luz.
Yo deseaba
aportar lo que un escritor medita
a la escritura. Eso que significa
hallar por casualidad un cadáver
en público, a la luz del día, en medio
de donde estamos. Pero acaba
seca como una piedra de la suerte,
algo que llevar y sentir. Despejen.
Comentarios
Bueno a ver si nos dejan muchos para que sigamos dsfrutando, conociendo y reconociendo buena poesía. Un abrazo
"No va mas". Me parece que este poema tambien va a ser premonitorio.
Hasta los gladiadores merecen piedad.