Este es el último de los sonetos que Longfellow dedicó a Dante y que, publicados en mi antología Poe y otros cuervos (Mono Azul editora), he estado compartiendo aquí estos últimos días:
VI
¡Oh, estrella del alba y la libertad,
portador de la luz, cuyo esplendor
alumbra los oscuros Apeninos,
predecesor del día venidero!
Las voces de la ciudad y el océano,
las voces de las cumbres y los pinos
hoy repiten tu canto, y ya sus versos
son senderos para el pensar de Italia.
Ya tu llama se extiende de las cimas
a todas las naciones, y se escucha
igual que un fuerte viento; hombres devotos,
extraños a Roma, y nuevos prosélitos,
en sus propios idiomas tu voz oyen,
y si muchos se asombran muchos dudan.
Comentarios
"...hombres devotos,
extraños a Roma, y nuevos prosélitos,
en sus propios idiomas tu voz oyen"
Yo me asombro.
Preciosa serie, Antonio.