Cuando Shelley fue incinerado
—aún veo la lámina aquella
en un libro de historia familiar—,
ardió la zarza bíblica, el ateo
fue ave fénix, poesía en alas:
arde el ahogado,
sobre las llamas se alza el humo,
en la playa tirrena, lejos,
cerca de todo cuanto quiso.
Con un libro de Keats en el bolsillo,
con su cuerpo en el seno del mar,
el poeta fue devuelto a la superficie:
regresan con la marea sus versos
en cada relectura, o en la memoria
—depurados como el cuarzo, inútiles como la arena—.
Son señales de humo que nos gritan
que irrumpe en nuestras vidas la muerte
y sólo queda, tras el fuego, el recuerdo
si acaso escapa el arte a las cenizas.
Una pira fugaz es faro, y dura,
aviso a los navegantes: la obra allí
de alguien que cantara a una alondra
y fue hermano de rayas y gaviotas.
El cálido sol, la humedad de las algas
pugnan por corromperlo,
no la tarde que avienta sus cenizas
robando gloria a su romana urna.
(Joven y romántico, escribí este poema cuando aún faltaban algunos años para que acabara el siglo pasado)
Comentarios
¡Bravo por ti!
Un abrazo,
Elena.
The breath whose might I have invok'd in song
Descends on me; my spirit's bark is driven,
Far from the shore, far from the trembling throng
Whose sails were never to the tempest given;
The massy earth and sphered skies are riven!
I am borne darkly, fearfully, afar;
Whilst, burning through the inmost veil of Heaven,
The soul of Adonais, like a star,
Beacons from the abode where the Eternal are.
Donde por cierto y según escribo, etoy viendo el faro de tu poema.
¡Pero es o no es profético (o suicida) ese "Far from the shore"?
Saludos.
Esplendido.
Un abrazo.
Sergio Astorga
Estupenda conjunción poética. Abrazos