Estas semanas miles de personas en todas partes del mundo estamos hablando y discurriendo sobre el Kindle de Amazon. Curioso. ¿Han caído en la cuenta de que en puridad estamos hablando de un dispositivo que no se exhibe en ni siquiera un solo escaparate del ancho mundo y que es comercializado por una empresa que no tiene ni buque insignia ni sucursales, que no dispone de una sola tienda, ya sea la Quinta Avenida o un zoco perdido?
Jorge Luis Borges, director que fue de la Biblioteca Nacional de la Argentina, ha pasado a ser para las gentes del libro, amén de autor de decenas de relatos y poemas memorables, el ideador, o vidente, de “La Biblioteca de Babel”, ese lugar infinito en que todo libro tenía asiento. También es Borges autor de un ensayo fascinante, “El ruiseñor de Keats”, en que habla de cómo el gran poeta romántico inglés al dirigirse al ave de la inmortal “Ode to a Nightingale” apostrofa no a ese ejemplar concreto de ruiseñor, a ese individuo de la especie, sino a su idea platónica.
Así con los libros electrónicos. El propio Borges, al quedar ciego tuvo que prescindir del formato libro tradicional. Se tuvo que servir de vías alternativas: personas que le leyeran. Y para componer su obra soslayó la prosa y volvió al verso, de medida fija (preferentemente endecasílabos), sirviéndose de la mnemotecnia. Una forma de potenciar la memoria, ese periférico hecho de ictus y ritmo. Continuó la literatura, independientemente de su forma de transmisión.
Lo que importa es, pues, el texto. Que vendrá en forma de libro o de libro electrónico. Pero no hay que obnubilarse con el aparatejo de Kindle. Como en Keats, lo valioso es el ave, el ruiseñor, el trino, independientemente del cuerpo en el que habite.
Comentarios
Un fuerte abrazo
Creo que quienes tenemos un poco claras las cosas en este tema compartimos la idea de que lo importante es el contenido, no el continente.
Sin embargo, la mayoría opta por uno de los dos extremos: el entusiasmo incondicional o el repudio absoluto.
Un saludo.