Hemos pasado unos días junto al mar, en Rota, algún buque de guerra a los lejos, algún helicóptero militar sobrevolando la playa. Me había llevado la poesía reunida de Shakespeare (Venus y Adonis, La violación de Lucrecia, los Sonetos, éstos no en papel, sino en la memoria...). Leí o recordé que Henry Wriothesley, el Conde de Southampton a quien Shakespeare dedica muchos de sus mejores versos, participó siendo mozo en un ataque naval a Cádiz. Y compuse, al dictado de las olas, este poema:
AL CONDE DE SOUTHAMPTON
Allí en el horizonte Cádiz boga
con buques, grúas y astilleros.
Y aquí, junto a las olas más cercanas,
leo versos que Shakespeare te escribiera.
Tú que asediaste el verde en lontananza
hace innumerables mareas,
tornas en el velamen de las páginas.
No te siento cercano porque vea
la presa codiciada por tu escuadra.
Más próximo te siento porque vibra
en dedicatorias y estrofas,
mascarón de proa, tu nombre.
A través de los siglos, ya en paz,
con un libro del Bardo entre las manos,
respondo a tus cañones con sus salvas.
Comentarios
Me ha recordado los cantos de Villalón y Adriano a Cadiz...
La de las Torres como jarcias
y los barcos bicornes de dos palos,
ciervos del mar, del monte,
de la espuma salobre y del viento yodado...