Os veo en todas las ciudades
cuando ya han cerrado las tiendas
y, si no es vuestra tertulia, no queda
sino invitar con dos copas al sueño:
con tus gafas de pasta Robert Lowell
en el grueso volumen de tus Collected Poems;
la barba de Ezra Pound y la mejilla
rasurada de Hopkins.
En Amsterdam o Cambridge,
en París o Helsinki,
las efes dobles de Faber & Faber,
una oda de Keats, una estrofa de Shakespeare.
A la postre, todo sitio es el mismo
anaquel ordenado de manera distinta.
Qué pequeño es el mundo, y qué grande,
con vosotros, mi círculo de amigos.
Comentarios
Con ellos siempre está uno en casa.
Al menos, nunca perderemos lo que quedó escrito. Son amigos para siempre, como en aquella canción de verano;-)
Un abrazo.