Reloj de sol

 

En Senate House Passage, en Cambridge,

un reloj de sol de cuatro caras

hacia los cuatro puntos cardinales.

 

Te recuerdo al pasar por esta calle

hoy en la tarde lluviosa,

camino de la biblioteca en que leo

en el idioma que empecé a aprender torpemente contigo

con más voluntad que pericia

por ambas partes –disculpa-.

 

Te gustaría ver este sun-dial

en la ciudad de Newton,

a la que no viniste nunca sino en libros.

 

En otros viajes te compré

miniaturas de relojes parecidos

aunque no tan hermosos,

pero donde tú estás ahora

ya no puedo mandarte una postal

ni enseñarte a la vuelta fotos torpes.

 

Te gustaría, lo sé,

entrarte por los collages y comentar de Darwin

en este centenario suyo,

el octavo de la universidad.

 

Yo que nunca me licencié

-perdona nuevamente-

te hablaría de los cuatrocientos años

de los Sonetos,

de mis próximos libros,

y tomaríamos un sándwich junto al río.

 

Pero ha pasado el tiempo

-llueve, llueve-,

aunque el reloj de sol de la calleja

hoy no marque la hora.

 

En su cara hacia el sur, un palo inerte

se inclina hacia el suelo y te señala.

Comentarios

Javier Sánchez Menéndez ha dicho que…
Me ha gustado mucho Antonio.
Unknown ha dicho que…
No puedo ni aplaudir. Me encanta este poema... ES muy... no se no soy muy experto...

Algo pesado soy pero no puedo evitarlo. Comentar si algo me gusta...
Olga Bernad ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aquilino Duque ha dicho que…
Lo malo de ese reloj de sol es que por razones climáticas apenas trabaja durante el curso académico, que es cuando más falta hace.
Olga Bernad ha dicho que…
Contenido e imparable, como el tiempo de ese reloj de sol.
Me gusta mucho, Antonio.
Antonio Rivero Taravillo ha dicho que…
Gracias, Javier, Antonio (extraña coincidencia la de tu nombre y apellido), Aquilino y Olga. Me he tomado una pequeña licencia poética: en realidad, el reloj tiene seis caras, pero en el poema se han quedado en cuatro. Esta bula tiene escribir versos. Por cierto, que los primeros libros de poesía de Aquilino fueron recogidos bajo el título común de "Los cuatro libros cardinales". Y como decía en una entrada anterior, aparece ahí Cambridge.
ángel ha dicho que…
Muy bueno. Ha sido un gusto leerlo al descubrir tu espacio.

Saludos...
Antonio Ruiz Bonilla ha dicho que…
Conmovedor. Un saludo