En Senate House Passage, en Cambridge,
un reloj de sol de cuatro caras
hacia los cuatro puntos cardinales.
Te recuerdo al pasar por esta calle
hoy en la tarde lluviosa,
camino de la biblioteca en que leo
en el idioma que empecé a aprender torpemente contigo
con más voluntad que pericia
por ambas partes –disculpa-.
Te gustaría ver este sun-dial
en la ciudad de Newton,
a la que no viniste nunca sino en libros.
En otros viajes te compré
miniaturas de relojes parecidos
aunque no tan hermosos,
pero donde tú estás ahora
ya no puedo mandarte una postal
ni enseñarte a la vuelta fotos torpes.
Te gustaría, lo sé,
entrarte por los collages y comentar de Darwin
en este centenario suyo,
el octavo de la universidad.
Yo que nunca me licencié
-perdona nuevamente-
te hablaría de los cuatrocientos años
de los Sonetos,
de mis próximos libros,
y tomaríamos un sándwich junto al río.
Pero ha pasado el tiempo
-llueve, llueve-,
aunque el reloj de sol de la calleja
hoy no marque la hora.
En su cara hacia el sur, un palo inerte
se inclina hacia el suelo y te señala.
Comentarios
Algo pesado soy pero no puedo evitarlo. Comentar si algo me gusta...
Me gusta mucho, Antonio.
Saludos...