


Mientras yo estaba en Cambridge este verano, dejé el encargo a mi amigo Brian Crews, natural de Glasgow, de que explorara los pasos del poeta sevillano en la ciudad caledonia que tanto lo mortificara en los primeros años de su exilio, de cara al segundo tomo de su biografía, que preparo ahora y aparecerá en Tusquets el año que viene. Yo ya tenía casi toda la -escasa- bibliografía sobre el tema, y libros sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en un Glasgow asolado por los bombardeos. Pero aún confiaba en arañar algún dato, rescatar una imagen.
Entre cerveza y cerveza en un pub irlandés de Sevilla (donde él tiene la mala costumbre de beber botellines, y no pintas), Brian accedió desde el primer momento a rastrear a Cernuda. Y lo ha cumplido con celo, visitando incluso el Departamento de Español, donde fue amablemente recibido y asesorado por Paul Donnelly, y tomando estas fotografías de la Universidad, el parque de Kelvingrove y el hall de piedra granítica en que residió Luis Cernuda, para su desesperación, más de cuatro años oscuros.
Brian fue profesor mío en la Facultad de Filología de Sevilla, y uno de los miembros del Departamento de Literatura Inglesa y Norteamericana que me entrevistaron para la concesión de una de las becas que la Universidad de Edimburgo ofrecía anualmente para su programa Scottish Universities International Summer School. Era 1986, y aún no existía el programa Erasmus. Me dieron la beca y aquel año me quedé sin vacaciones, pues el curso abarcó los meses de julio y agosto. Naturalmente, visité Glasgow, pero yo aún no era el sabueso de Cernuda. Dediqué aquellas semanas a leer a autores escoceses y a coquetear por mi cuenta y riesgo con el gaélico. Vislumbré también el tema de una tesina, que nunca llegué a escribir, basada en Dante Gabriel Rossetti.
Uno de mis intereses en aquella época era el simbolismo. Y William Butler Yeats. No es casualidad, sino estupefaciente perseverancia, que dentro de unos meses se publique mi traducción de la Poesía Completa de Yeats. Y un placer que a quien fuera profesor mío le pueda invitar hoy a unas cervezas (aunque no sean pintas), charlando del poeta y de Glasgow. Más aún cuando yo no terminé la carrera. O quizá por eso, porque mi vida es la literatura.
Comentarios
Alfredo J. Ramos
Cordiales saludos.