
Desde hace unos días, a los mirlos de los patios les ha salido un competidor, un orondo tenor que ha cogido en alquiler uno de los pisos de este viejo inmueble. Me dicen que el tal Roberto Alagna es un afamado cantante de la hora presente, y doy fe de que el hombre se prepara para el papel que representará en el Teatro Maestranza dentro de poco más de una semana. ¿Enseñan en las escuelas de canto que la hora más propicia para descorchar las notas es la hora de la siesta? Todo lo hace a lo grande el vecino nuevo, hasta las gárgaras.
Esta casa, que ha pasado por muchos avatares, ya existía cuando aún no había nacido el protagonista de la ópera ésta, Cyrano de Bergerac, que llevará al escenario el ínclito inquilino. Y seguirá aquí, habitada por este poeta quizá no tan elocuente ni feo como Cyrano, cuando el que represente a éste último ya se haya marchado con la música a otra parte. Qué mala suerte tiene uno; podría saludar en la escalera a Christy Moore o a los que van quedando de los Chieftains, a Loreena McKenitt o a medio cuerpo de baile de Riverdance. Pero aquí está el gran tenor, espanto de los mirlos. Que Dios lo guarde muchos años (tras paredes más gruesas que las mías).
Creo que el papel lo representó en otra ocasión Plácido Domingo. Uno, que es muy partidario de la ópera en lugares remotos, hubiera preferido aquí a éste último, al menos por lo que su nombre anuncia. Porque vaya fin de semana que me ha dado el Alagna, que anda que como se equivoque tanto en el escenario como con el timbre que él toma por el interruptor de la luz...
Comentarios
Mi pobre abuela tenía al final de sus días alucinaciones auditivas. Decía a todas horas:"¡Que pare el tenor, que pare el tenor!". Y un día me dijo, toda triste: "Hija mía, canta mu bien, pero no descansa ni deja descansar".
Tu historia me la ha recordado en un día tan especial. Yo no puedo evitar esbozar una sonrisa, pero imagino que tú estarás empezando a perder el buen humor: no lo hagas, ese buen hombre te ha hecho escribir una entrada estupenda;-)
Un beso silencioso.
Silente ósculo.
Abrazo pese a todo, con un Ardbeg de los buenos para enjugar el sinsabor.
Ánimo. Consuélate pensando en el profesor de canto de la señora del ciudadano Kane.