
Yo no puedo alabar a tus esposas,
pues no las aprobaba; tú alegaste
un impulso divino que te instaba
a encontrar algún modo de hostigar
a nuestros enemigos.
Mas no digo eso; de esto estoy seguro;
hallaron ocasión de convertirte
en su preso, triunfantes; y más pronto
encontraste la tentación,
o encantos demasiado poderosos
para violar
la sagrada confianza del silencio
en ti depositada; que callarlo
estaba en tu poder; cierto; y tú cargas
bastante, y más aún, con esa falta;
pagaste amargamente y todavía,
estás pagando deuda tan estricta.
Pero queda algo aún peor:
porque hoy los filisteos una fiesta
celebran aquí en Gaza en que proclaman
gran pompa, sacrificios y loores
a Dagón, como el dios que, atado y ciego,
pusiera en sus manos a Sansón,
y de ti les librara, su asesino.
Así, Dagón será magnificado,
y Dios (fuera del cual no existe dios)
vendrá a ser comparado con los ídolos,
privado de Su gloria,
víctima de blasfemias, despreciado
por la idólatra chusma entre su vino;
que esto haya sucedido por tu causa,
debe de ser, Sansón, tu mayor pena;
de todos los reproches el que vierte
sobre ti y nuestra casa más vergüenza.
Comentarios