"Casa tomada" no es sólo título de una narración de Julio Cortázar, también la molesta realidad que por narices (o mejor dicho, oídos) no pocos vecinos de Sevilla tenemos que sufrir estos días del puente de una Constitución que debería recoger el derecho al descanso.
Es sabido que entre las técnicas de tortura del infame Guantánmo está el someter durante horas a los prisioneros a la audición de música a elevado volumen. Mi celda es mejor y más confortable, pero la música intrusa también me tortura.
Se celebra, me entero, el I Congreso Nacional de Bandas de Música Procesional "Ciudad de Sevilla". Y esta mañana, cuando he salido a comprar el periódico, me he tropezado (no es lenguaje figurado, simplemente describo) con un escenario levantado, literalmente con nocturnidad y alevosía, a dos metros de la puerta de casa. Y durante todo el día, dale que te pego, esa lata, difícilmente más contra natura, de marchas procesionales a destiempo. Hay algunos días en que me gusta la Semana Santa, y, caprichoso que es uno, suele coincidir con fechas de marzo o abril. Se nota que el calentamiento global y el cambio climático están haciendo de las suyas; faltan un par de días para la Inmaculada y ya, colándose por las ventanas, los tambores y la cornetería de la muerte de Cristo: la primavera en la antesala del invierno.
Es, con entorchados y plumas, gorras de plato y galones, a un paso las novias o madres con bocadillos envueltos en papel de plata, el triunfo avasallador de la Sevilla de la que salieron espavoridos Villalón o Cernuda. Pobrecitos, dirán los forasteros que visitan la ciudad estos días: no hay teatros ni parques y los chicos tienen que tocar en plazas y calles peatonales.
Como en Guantánamo, la autoridad no da información alguna, se limita a los hechos consumados. "La ciudad de las personas" es el lema del munícipe en jefe. Pero como impera el estruendo y me estoy quedando sordo, lo que oigo, cerrando ventanas y contraventanas, es "La ciudad de las persianas". Y ni siquiera con estas cerradas puedo escapar al alboroto.
Comentarios
P.C.
Pues eso le pasa a tu alcalde, que no comprende cómo se va a molestar ningún vecino de esa ciudad de las personas ante una iniciativa tan cultural y tan vuestra. Anda, y lo de que la gente tiene derecho a estar en su casa oyendo lo que quiera y no lo que le impongan son sutilezas de escritor, qué cosas tienes, Antonio.
Saludos y mucha paciencia. Ya llegarán los días laborables...
Saludos
Se nota que no vives en la Comunidad Valenciana porque allí por lo menos os ponen música pero aquí se pasan la vida tirando petardos por cualquier cosa. Parece que más que celebrar las fiestas, celebran los días que no son fiestas, como en Alicia y el país del maravillas con aquello del feliz no cumpleaños.
Paciencia. Un día nos escaparemos a Islandia (si al final no acaban veniendo la isla y poniendo allí un mega pub!!!)