En el metro de Helsinki, en las estaciones de autobuses, en las calles, me sorprendo a mí mismo descifrando con alivio los rótulos escritos en sueco, la lengua cooficial de Finlandia. Estudié hace muchos años finés, y recuerdo del idioma algunas palabras aisladas y nociones de sintaxis, pero no siendo lengua indoeuropea resulta tan difícil de aprender como fácil de olvidar. Puedo dar fe de ello. Sin embargo, con el sueco, que no he estudiado, toco pie: establezco similitudes con el inglés o, mejor aún, con el anglosajón, la lengua de Beowulf o la Batalla de Maldon, y, siendo como es casi arcano, me siento con él como en casa (una casa, es cierto, de la que hace mucho tiempo que se falta y apenas resulta reconocible). Para que se vea lo extraña que resulta la lengua finesa, copio aquí los títulos de la exitosa trilogía de Stieg Larsson en sus traducciones: Miehet jotka vihaavat naisia, Tyttö joka leikki tulella y Pilvilinna joka romahti. He aquí los títulos originales en sueco: Män som hatar kvinnor, Flickan som lekte med elden, y Lufttslotet som sprängdes. A la vista está que los títulos se corresponden con Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. ¿O no? Bien es verdad que las traducciones al español no son literales.
(De un cuaderno de viaje)
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Un abrazo.