
Ha sido un camino hacia el origen. Leí primero a sus hijos Leopoldo María y Juan Luis, y luego a él, el padre. Todos buenos poetas, cada uno a su modo, por más que hace lustros que el primero de los citados diera en la locura y la endeblez literaria y que el segundo (el mayor en edad) haya ido cayendo en relativo silencio tras la espectacular presentación para muchos que fue Juegos para aplazar la muerte. Renacimiento, la editorial que publicó los poemas de Juan Luis hasta aquella fecha (año 1984), ha editado ahora con prólogo de José Cereijo una antología de los versos de Leopoldo Panero.
Anoche dio una magnífica conferencia sobre él, de cuyo nacimiento se cumplen cien años, Fernando Iwasaki. Fue una intervención documentada, llena de matices y sensibilidad, muy original en el buceo en las concomitancias con César Vallejo, a quien Panero trató y a quien dedicó un poema.
No se cuenta Panero entre mis poetas predilectos, pero sería imperdonable cicatería soslayarlo, dejarlo al margen, cuando guarda tantas páginas memorables su obra (sin ir más lejos, el poema "Epitafio", con el que Fernando cerró su charla). No me interesa Panero como "poeta oficial del régimen" anterior ni jamás aceptaré que pueda caer en el ostracismo por estar donde muchos desearían que no hubiera estado, por ejemplo en el franquista Instituto de España en Londres, al término de la II Guerra Mundial.
Pero en Londres, más allá de un acalorado desencuentro con Luis Cernuda cuando éste le leyó su poema "La familia" (a él, a quien la suya propia le volvería la espalda años después), Panero trató al sevillano y, al menos en ese par de poetas, hubo concordia y deseo de cerrar heridas. La anécdota que narra Rafael Martínez Nadal en Españoles en la Gran Bretaña. Luis Cernuda. El hombre y sus temas, si bien recoge con detalle el momento de enfrentamiento omite que Cernuda y Panero se siguieron tratando. Y que el autor de La realidad y el deseo sacaba a pasear por Hyde Park al pequeño Juan Luis, y que llegó a comprarle un barco de madera (lo recuerda el mayor de los hijos de Leopoldo Panero en sus conversaciones con Fernando Valls, libro que obtuvo el Premio Comillas).
El astorgano y el sevillano cruzaron cartas cuando éste marchó a Estados Unidos, y Panero se ocupó cortésmente de Cernuda en un artículo en Blanco y negro publicado en 1957 ("Un poeta habla de su generación").
Quedaron amigos. ¿Por qué es tan difícil hoy fundir en un abrazo, como ellos hicieron, a escritores a los que la guerra y lo que vino después separó?
Comentarios
Me ha encantado la entrada, Antonio.
Saludos.
Un abrazo.
Un abrazo:
JLP
Comparto la teoría de JLP.
Un abrazo.