Por fin se ha desvelado el misterio: no será ni i-Slate ni i-Tablet. Será el i-Pad, ha dicho Steve Jobs: pad, es, recordemos, almohadilla, palabra que había caído en desuso hasta que el ratón de las nuevas tecnologías se la ha llevado a su terreno, como si de un trozo de queso se tratara.
Pero estábamos con el i-Pad. Existiendo ya el i-Pod, y el i-Phone, sus hermanos, el i-Pad es un excelente nombre comercial, que no sé si a alguien se le había ocurrido (yo al menos no lo había visto entre las quinielas).
Me parece demasiado grande para portarlo como lector de libros, y aún tengo que enterarme de sus posibilidades. Pero de momento, ahí está el afortunado nombre para empezar.
Al principio era el verbo.
Comentarios
Mi poética binaria: un poeta no debe tener nunca un mac.
Abrazos
Te veo beligerante. A mí no me ha gustado lo que he visto, y no le veo gran utilidad respecto al iPhone.
Habrá que observar. Lo que sí he visto es que los libros van a costar más caros que para el Kindle, lo cual no es buen comienzo. Pero repito: el nombre me parece el mejor que podían ponerle.
Por cierto, que a la app para comprar Cien años de soledad (o One Hundred Years of Solitude( deberían llamarla Mac Ondo...
Abrazos
(Muy ocurrente lo de Mac Ondo) El que tiene arte, lo tiene para todo.
Un abrazo