
En 1999 se publicó Las ciudades del hombre (Llibros del Pexe), mi primer libro de estampas viajeras, hoy agotado. Allí, esta viñeta bonaerense, que roba título a Borges y comienza:
Un país que así se abría al mar, como la pantalla de televisión mostraba en un reportaje, con estrechos y montes como aquéllos, desolación de Tierra del Fuego y su imagen hiperbórea aunque del Atlántico Sur, tenía una belleza que traslucía la geografía física y se adentraba en las regiones del mito y la psicología. Su capital tenía también un prestigio literario de ciudad europea, tal vez la más culta del hemisferio, y era un punto al que mirar con nostalgia y esperanza, ambas aun tiempo.
Cuando los de mi edad escuchaban a grupos y cantantes a los que hoy todo el mundo ha olvidado, yo escuchaba a Gardel. Lo argentino dio un golpe de estado incruento en mi corazón, y todo lo suyo me tomó hasta llegar a puntos poco confesables si he de evitar el ridículo. El joven del que este adulto escribe ahora, distanciado, apelmazaba su pelo con fijador y alguna brillantina, y fumaba (sin hacerlo a pecho, sólo por el gesto) cigarrillos sin boquilla de una marca que identificaba con los años treinta y películas olvidadas de Errol Flynn -en su papel de glorioso piloto de la RAF-, o Carlos Gardel -estrellado en un accidente de avión en Medellín-.
(...)
Comentarios
Algunos son fervorosos, como el tuyo bonaerense.
Un beso