LA GRÚA
I
Lo mismo que un gran buque en mitad del océano,
movible base para aeronubes,
hoy los pájaros se detienen y reponen fuerzas,
plumas sobre la pluma,
en el brazo de la grúa amarilla que interrumpe
mi parcela de cielo.
Planea una tórtola y se posa
en la grúa, igual que en la torre del tendido eléctrico
las cigüeñas se doblan, ignorando
que ya nada nos dice la espadaña,
que hemos dejado de entender
el declinante idioma de los campanarios.
Dentro de unos meses el portaviones
levará anclas, y este trozo de azul
será más fatigoso recorrerlo,
más arduo hallar inspiración.
II
En el fin de semana del gruista
el viento hace a su antojo con su brazo
y gira la veleta
echando un pulso al aire. La corriente
señala no la dirección del céfiro esta mañana gris:
rubrica
lo mudable de todo, hasta esta sólida
estructura de hierro y de metáforas.
III
No se necesitan aquí hombres del tiempo:
estos bloques de hormigón –el contrapeso
del índice que ahora marca decidido al levante–
aseguran que el poniente sopla. Lo sabe
la carne que comulga ahora con la atmósfera;
y este fresco en la piel, a la que orea y acaricia,
y el templado roce por el vello
tienen correspondencia con su giro.
La casa en construcción, su apilado infortunio
de dentro de año y medio, se alzará
sobre el solar de esta estación meteorológica,
esta antena que emite
partes de una vida que se habrá desmontado,
sanada su tortícolis con sombra,
hermana mayor de los pararrayos.
Percha en la que reposa, transparente,
el traje de la tarde al aquietarse,
metálica bandera de los pájaros.
Comentarios
Vaya, que voy a volver a leerlos ahora mismo.
Un abrazo sincero.
Me gusta ese "traje de la tarde al aquietarse"...Cuando el lenguaje poético se apodera de la realidad nada vuelve a ser lo mismo.
Aprovecho para despedirme por unos días y desearte lo mejor.
Un beso
">Con una grúa. Será el signo de los tiempos.