AONGHAS MACNEACAIL
la gran nevada
Versión directa del gaélico escocés de Antonio Rivero Taravillo
cada una en su época
campanilla de febrero
rosa blanca
azucena
I
1
no hay nada de tierra que no esté bajo nieve
blanca blanca blanca
caer de una cerrada niebla espesa
blanca blanca
pálido inquieto el firmamento
calmas calladas las quiebras
herida cada inhóspita colina
la corteza de la tierra envuelta ahogada
la médula del planeta divivida entre el temblor y el hielo
ni fantasma ni espítitu se moverán con este tiempo
blanco frío blanco
impetuoso clamoroso susurrante
los vivos se aprietan un cinturón de esperanza
sobre la piel incierta
(algunos bajo techo) y otros en la tempestad
escuchan
el tenue balido de ovejas y el penetrante lamento del teléfono
disolverse en un solo sonido
el bramido del ciervo bajo un velo
el chillido del viento
el pitido de los barcos ocultos en la bahía
derrame como un quejido de dolor
a través de un griato lamento
arrecifes a cada lado bajo espuma y nevada
todo viajero anhelando el hogar
(en algún lugar se empañan los cristales junto a las llamas)
¡oh poder estar en torno de un buen fuego!
2
tierra te vestiste para estar desnuda
blancura de frente en las montañas
blancura de pechos en los cerros
blancura de vientre en los páramos
blancura de muslos en los prados
una cofia de nubes sobre tus cumbres
y un velo en el rostro
3
milagro de la nieve
cada cristal único
cada cristal sin igual
una microarquitectura
cada copo reuniendo
un mundo bajo su máscara
nieve virginal
(bálsamo para las enfermedades
tropel de palomas en vuelo
engañosa aliviadora)
nieve impecable
(un clérigo reza
en la celda de acero
gris de su credo
un clérigo suplica
con la vista en las manos
negando sus sueños)
nieve brillante
(niño bailando junto a la ventana
ojos que fulgen)
nieve constelada
(cielos magullados presos)
nieve seductora
reptante sigilosa
nieve multiplicadora
callada callada
nieve que se amontona
nieve que se pliega
nieve asesina
4
el cobertizo tras la casa recuerda
tus padres en la casa cantando salmos
nosotros refugiados en la oscuridad
mirando cómo la nieve
llenaba con su blancura nuestro mundo
nuestros surcos sin mancha
nos dimos calor uno al otro
calor en tu blancura y
frío en la blancura de afuera
las ráfagas de nuestro deseo nos hicieron girar
a través de blancos salmos de conocimiento
y despertamos
pero no siguió el día
5
blancura del invierno tallando
los labios escarpados de los montes
(los labios antiguos de los montes)
limando los bordes rotos
hasta dejar un filo elegante
pelea de la ventisca con ribera o tejado
modelando
suaves y efímeros cerros
6
extendido su vestido sobre
ciudad castillo aldea
desplegando su abrigo sobre
cada prado cada paso
cada cumbre y cada roca
todas las calles de cada ciudad
blanca blanca blanca
un manto sobre el mundo
bandera de paz para las tribus del universo
la blancura prometedora movediza
7
el celo de los pastores
encerrado tras los umbrales
una máscara de seda oscureciendo las cimas
la nevada de cortinas de seda en torno a la reunión
los rebaños sobre el páramo y
la blancura volviéndose inmundicia
los pastores deben controlar sus ímpetus
escuchando el viento
silbando silbando
bajo puertas
entre las ramas
en medio de las rocas
viendo en sueños la lana
andrajosa en la ventisca
blanca matarife sobre el brezo
buscando un sacrificio
8
no ve el pescador más que espuma
cimas y arrecifes bajo espuma
tropeles moviéndose
sobre el puerto
sobre el llano
sobre el páramo
no ve su ojo el océano el puerto
sólo ve espumas en tropel
hundiéndose en llanuras
la lancha es un fantasma amarrado
sus redes blancas y frágiles telas
chubasqueros sin alma colgando y
botas extendidas como cadáveres
huestes inalcanzables del océano
9
venus despertando a través de lo oscuro
venus blanca brillante
venus alzándose sobre
olas blancas de estrellas
ojo resplandeciente de los cielos
bailarina del crepúsculo
linterna de los druidas
venus que ilumina los pasos
cuando no hay luna
algunos dirán que es fría
aunque es rutilante
sin una chispa en el corazón
aunque es rutilante
que no es sino sombras y polvo
reflejo del sol
quién lo cree
quién lo cree
quién
II
1
quién eres tú
quién sino tú
mi enemigo mi amor
tus blancas palabras
sin límite inmutables
filtrándose siempre filtrándose
en mi mente
adorable violenta
acogida y miedo se enredan en mi corazón
los valles inhóspitos de mi corazón
cada brisa sembraba aguanieve y granizo
yo estaba marchito y débil hasta que tú llegaste
danzando girando brincando
echando chispas tus blancas palabras
en mi corazón
la forma de tus palabras firme y duradera
impasibles eran no caprichosas
duras como joyas eran no quebradizas
pero su sustancia
como blancas neviscas
inquietas
inestables
(espejo para mí)
2
cuchillos afilados de hielo
lanzas de hielo
espadones de hielo
pendiendo enjoyados
sobre cada roca
cada rama
cada alero
adornados guardianes
3
éramos los más dichosos
entre la nevisca azucarada de nuestras palabras
había en aquellas confesiones y caricias
suficiente verdad para nosotros
no había en nosotros sino alegría
para cocer las monedas de paz del amor
teníamos polvo blanco fundiéndose
en vez de harina de trigo
4
caminábamos a través
de gargantas llenas de blanca suavidad
no percibíamos
el ganado atrapado en montones de nieve
(nuestras promesas tesoro mío)
no veíamos
los arroyos que estaban encerrados
bajo heladas pieles de seda
paredes tan enjauladoras como el hielo
nos apresaron dentro con
la blancura que tomamos por amor
no nos dimos cuenta de que venía el deshielo
el deshielo húmedo e insinuante
III
1
una luna cadavérica asoma
a través de una grieta en la niebla
sobre un mundo quieto espectral
pero
vivas venas corren bajo el blanco
las bestias de la tierra escarban buscando comida
(¿habrá un escudo contra la desolación
para un corazón hechizado?)
oh estate en guardia perdiz un búho blanco está
acechando
y está hambriento
2
blanca blanca
reunida en prados por la noche
vino sin avisar
como regalo de amante
como un armiño a la caza
blanca blanca
nos engañó con un suave copo o dos la asesina
exultante sobre el páramo
mi amor quién podría pensar que me ahogarías
con ráfagas con vestisca
que sea dulce tu promesa
(diosa de tres caras yo te niego
te tomé por esposa
pero dicen
que eres virgen
audaz astuta virgen
que eres vieja
vieja juguetona)
yo te niego no eres sino engaño
tu gran belleza como una máscara
diosa de tres caras viniste
luna sol tempestad
te interpusiste entre mi amada y yo
no podía ver su rostro
fuera de mi oído sus ternezas
tú me enredaste con susurros de ceniza
perdí en tu ventisca a mi amada
IV
aires de final del invierno
fuente que no callará su susurro tintineante
recorre leguas a través del silencio
...
árboles en el bosque como sombra en la sombra
gris sobre gris sobre gris
sin forma
...
suelo en el que hubo una pisada
brillante secreto blanco
...
media cara de un risco asomando
bajo una gorra blanca
...
hilos de aliento
serpiente hacia el cielo
ventisca
...
sangre de zorzal
sólo una pluma
huellas de gato
...
hoja marchita
prendida de una rama hasta ahora
girando baja en la brisa
...
estábamos tan seguros con nuestra promesa
...
quién se meó en la nieve, dice un niño
quién estropeó su blancura
...
humo subiendo de la chimenea
ascendiendo ascendiendo
en cuerdas de blancura
...
por quebrada hondonada
libre torrente para
apagar la sed el ganado
viene bamboleándose del establo con
patas fangosas
...
nuestro despertar
...
tojo bajo un blanco abrigo
una flor amarilla temblando
...
huellas de pies desde un pueblo
leves finas
como pies de una diosa
...
desnudez del viento
desnudez del sol
...
paz
...
sombra de una margarita
Comentarios
A' Chiach
suath mi, a ghaoitilhean, le,
naidheachd às gach àirde: sìn orm
suath mi, a ghrèine, do
shoilise teas mo chridhe: sìn orm
suath mi, a ghealaich, mo
leigheas na do ghilead: sìn orm
suath mi, a shiantan, ur
frasan ga mo nighe: sìn orm
tamh annam,
sàmhchar