He estado algunos días (pocos) sin traer agua a este molino. No ha sido mucho tiempo, pero acostumbrado al fluir constante se me antoja estancado el blog.
La otra tarde, Sally Crane, la esposa de Aquilino Duque, me regaló un ejemplar del Sweet's Anglo-Saxon Reader in Prose and Verse (el mío estaba tan baqueteado, que éste, de segunda mano, me parece digno del epíteto de la famosa antología de Castellet). Y me he acordado de mis traducciones de "La batalla de Maldon" o la nunca terminada de Beowulf. Estos versos los escribí hace tiempo, y traen a la palestra al monstruo antagonista del héroe de este último poema:
CESURAS
La poesía germánica lo enseña;
también lo corrobora nuestro oído:
lo importante discurre entre cesuras.
Por eso no me importan estas pausas
entre un poema y otro. Los silencios
también tienen su razón y su música.
Como acentos en versos memorables,
los mejores poemas las redimen,
estas lagunas de callada espera
donde -vuelta al principio- acecha Grendel.
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