
Buscando el pasaporte, en aras de una renovación que no sé a qué tierras me llevará, me he topado con estas antiguas versiones, caligrafiadas junto a la transcripción griega de su título y mi posible nombre, en unas hojas en octavo conservadas en un cartapacio. Así, antes incluso de contar con el nuevo cuadernillo de color burdeos, he visitado la Hélade, y la Abdera, la Atenas y la Tesalia de Anacreonte, en documento que a diferencia del rigorista salvoconducto no ha caducado a pesar de los veinticinco siglos transcurridos desde su composición y los cinco lustros que hace que lo romanceara.
Fue Anacreonte (para fijar su vida recordemos que nació al morir Safo) un amigo de la buena vida. En el lote, claro, entra la poesía. Ya fuera a muchachas o a galanes, dedicó sus versos a la belleza, al placer, al amoroso juego.
Aquella revistilla escrita a mano en que recogí estos fragmentos de Anacreonte la titulé Papiro, en parte bajo la égida de Ezra Pound, autor de ese sugestivísimo homenaje a Safo que es su fragmentario poema de idéntico título, “Papyre”. Va por usted, Old Ez.
[1]
Canosas tengo las sienes
y blanca ya la cabeza,
pasó la juventud grata
y tengo viejos los dientes.
El tiempo de vida dulce
que me queda ya no es mucho.
Por eso a menudo lloro
y tengo miedo del Tártaro,
pues horrible es el abismo
del Hades, y hosca la senda
que desciende… A buen seguro,
quien baja ya no regresa.
[2]
Potra tracia, ¿qué es lo que hace
que me mires de soslayo
y huyas cruelmente, creyendo
que nada sé de la vida?
Sabe tú que si quisiera
el bocado te pondría
dominándote con riendas
en las lindes del estadio.
Paces aún por el prado,
libre juegas dando brincos,
que no tienes un jinete
diestro en la doma de yeguas.
[3]
Mozo con mirar de niña,
te persigo y no me escuchas.
De mi corazón conduces
las riendas, y no lo sabes.
[4]
Venga, tráenos, muchacho,
la copa que beberé
de un trago. Diez cazos de agua
y cinco de vino mezcla,
para que, sin excederme,
vuelva a festejar a Baco.
…
Vamos de nuevo, sin tanto
estrépito y griterío:
no bebamos como escitas
el vino, sino brindando
al compás de hermosos himnos.
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