
La fotografía es del Irish Times
Abro la tapa del portátil y en el correo electrónico dos mensajes que hablan del Kindle, el dispositivo de lectura de Amazon. La filial británica me anuncia un nuevo modelo (ahora ya no es blanco sino gris) a sólo 111 libras, confirmando la tendencia a la baja de los precios. Cierro el mensaje y en el siguiente, que me trae el sumario del último número de Letras libres hallo un artículo de Ramón González-Férriz titulado "40 días con un Kindle" que, cómo no, me recuerda a otro similar publicado por Nicholson Baker hace año y medio en The New Yorker.
Los cacharros hacen ruido, aunque aún la venta de libros (los textos) en formato electrónico no haya despegado. En España no hay aún nada similar a la amplia oferta de Amazon o Barnes&Noble, cuyo sistema Nook tengo instalado en el teléfono móvil. La verdad es que, sin abusar, la lectura en un iPhone puede resultar placentera; aunque, no tanto, por lo que he podido ver, como en el iPad.
Mientras, grandes cadenas de librerías lo pasan mal: la norteamericana Borders que hace ocho años estuvo a punto de adquirir Casa del Libro está a un paso de la quiebra, y la británica Waterstone's cierra sucursales, entre las que se encuentra la de Dawson Street en Dublín (primera sede en el siglo XVIII de Hodges Figgis, ahora también del mismo propietario HMV, y que aparece mencionada en Ulises aunque en otro emplazamiento que tuvo en Grafton Street).
La cosa en España no está más que regular, como diría un castizo, y me temo que se acelerará el cierre de librerías sin que aún se haya implantado la lectura en pantalla. Preocupante, ¿no?
Comentarios
Y hablando de e-readers: el Kindle tiene buena pinta; he estado a punto de comprarlo pero al final no lo he hecho porque no estoy segura de que con él pueda acceder a muchos ebooks españoles. En fin, que llevo ya casi dos meses mirando e-readers y sigo sin decidirme por uno... no, peor aún: cada vez estoy más confusa, ¡uf! :(
Ergo, en ¿15 años? quedará alguna librería por Hernando Colón o así.
.