
Me quedo de piedra al ver en el programa de televisión "Página 2" que Joaquín Sabina tiene en las estanterías de la biblioteca de su casa un ejemplar de la primera edición de Ulysses, de James Joyce. Y que además está firmado por el propio Joyce, en aquel año de 1922 en que apareció, y dedicado a su editora, Sylvia Beach. El volumen está encuadernado, seguramente en piel, pero he podido ver la cubierta original de color verdiazul egeo. Hace dos años un ejemplar de esa primera edición (y no dedicado por su autor) alcanzó en una venta en Londres el precio de 275.ooo libras. Lo veo mientras en este mismo ordenador en que escribo suena el cantante irlandés Luka Bloom, hermano de Christy Moore. Bloom tomó como nombre artístico el título de la célebre canción de Suzanne Vega y el apellido del protagonista de Ulises. Suena, decía, o mejor sonaba, pues le he pedido silencio para oír al Sabina mudado en bibliófilo. Yo también me he quedado sin palabras.
Al parecer, Vargas Llosa tampoco daba crédito, hasta que visitó la casa para corroborarlo y, paronomásicamente, arrobarse.
A pesar de la crisis económica, y aunque el libro, un ejemplar único, tiene un valor incalculable, no creo que en el hipotético caso de que saliera a la venta lo hiciera por menos de 500.000 euros.
Comentarios
Gran verdad. Las letras de Sabina demuestran que ha leído -por lo menos- las obras completas de Almudena Grandes.
.
(No está dedicado a Sylvia Beach, sino a Cyprien Beach.) Me consta que costó menos de 500.000 euros.
Para quienes lo duden: Sabina es un lector voraz. Y sus letras creo que son de las mejores que se han escrito en nuestro idioma. Negarle eso es tal vez una mezquindad demasiado flagrante.
Por lo demás, Leonard Cohen no tendría demasiados problemas en comprar un libro: cobra en torno al medio millón de euros por concierto. Pero, ¿qué hacemos hablando aquí de precios?
Y, por cierto: a mí también me gustan las letras y las canciones de Sabina.
Gracias.
Puedo dar fe de que Sabina es un lector devoto, y además de muchas materias. ¿Que puede permitirse el ser, además de lector, bibliófilo? Sí, claro. Lo raro sería que una persona que ha vendido millones de discos y que llena campos de fútbol en cuanto se anuncia no pudiera permitirse algunos caprichos. Que compre libros en vez de yates o aviones privados me parece un síntoma, ¿no?
Por lo demás, el hecho de que a alguien no le guste el "Ulyses" o "El hombre sin atributos" -ignoro si a Sabina le gustan o le disgustan- no dice nada en contra de él. No recuerdo quién suponía que todos somos impermeables a alguna que otra obra considerada más o menos unánimemente genial.