
Terminé hace unos días la lectura de Apenas sensitivo, el más reciente de los diarios de Andrés Trapiello. En este caso, el volumen ha regresado a las extensiones antiguas y se ha quedado en la mitad de páginas de las que tenían los últimos tomos, pero no ha menguado el goce de la lectura. Como en la poesía (y este Salón de pasos perdidos tiene mucho de ella), menos es más (y al decir esto me pongo bergaminiano y visualizo una + y una -, signos gráficos que además evitan la rima con lo que sigue). A los habituales Ramón Gaya o Juan Manuel Bonet, las mañanas en el Rastro o las estancias virgilianas en Las Viñas se unen en esta ocasión páginas sobre Antonio Gamoneda, Delibes y Jiménez Lozano, y a las ciudades por las que lo lleva la promoción de Los amigos del crimen perfecto, novela con la que al inaugurarse el libro el autor gana el Nadal, se suman París o Ronda.
Emocionan la narrada muerte de la mastina Mora, el regreso al Torío natal con un equipo de televisión, y divierten muchos sucesos aparentemente nimios a los que Trapiello sabe sacar punta como nadie. Nos habla en voz baja, incluso cuando se ríe. Y en las entradas cortas afila más, si cabe, su inteligencia, como en esta con la que cierro esta nota de lectura y que se refiere precisamente a estos libros que nos hacen disfrutar desde hace ya casi veinte años:
DE Darío Jaramillo: "X hablaba en yo mayor". Estos cuadernos deberían hablar en tú sostenido, incluso en tú bemol, pero a falta de un registro más amplio, se le perdonará a su autor si reinciden alguna vez en el yo menor.
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