El lenguaje de la poesía es la analogía, el “esto es como aquello”, el ver en cosas cercanas el correlato de lo universal y las realidades de la vida reflejadas en nuestra propia existencia. Usemos, pues, una analogía relativa a esto de la técnica. Podemos tener el mejor de los instrumentos musicales (un stradivarius, pongamos por caso), y podemos ser un consumado intérprete, pero nuestro concierto se irá al garete si no afinamos el violín, si no tensamos sus cuerdas. Con la poesía es igual: no nos conformemos con el primer sonido que extraigamos, afinemos, afinemos. Nos lo agradecerá nuestro público, y el poema, y nosotros mismos. Sucede lo mismo con los prodigios que podemos ver al final de un microscopio o de un telescopio: ahí están las células coloridas, las reacciones químicas, el polvo estelar, las constelaciones, pero si no enfocamos debidamente, si no ajustamos el instrumento de visión, incorporando o quitando, si es necesario, nuevas lentes, no sacaremos provecho de un instrumento que puede ser muy, muy caro. Todos hemos ido alguna o muchas veces al oculista, y para graduarnos la vista nos hemos sentado con una montura bien poco atractiva en la que el oftalmólogo, o el óptico, ha ido colocando y retirando cristales, hasta dar con nuestra verdadera necesidad. Repito: con la poesía es lo mismo. Hay que probar y corregir. No aceptar sin más los cristales que primero se nos presentan.
Comentarios
Otra cosa que me gustarìa que me respondiese, hasta cuàndo se debe corregir? Puede una correciòn estropera un poema? Gracias y perdone las incorrecciones es un teclado francés
Me viene a la memoria Gil de Biedma, que era capaz de estar semanas afinando solamente un verso hasta dar con el tono exacto.
Y, recordando también a J.R.J yo abogo por "la transparencia, Señor, la transparencia".