Detrás de las paredes de su piel,
en desorden que dicta el pensamiento,
se acumulan recuerdos y experiencias:
los días, las semanas de su paso
por este mundo en que colmó su casa
de soledad que muda en yesca y fuego.
Besos que no dio prenden ahora
un incendio sin llama, y sólo el humo
va tomando hospedaje en las estancias
entre imágenes pálidas de ayer.
Lentamente, la asfixia lo libera
del peso, inútil ya, de la memoria.
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