Et in Arcadia ego
Le gusta al capillita recordar aniversarios, fechas. Le aporto un dato, ya que este año se celebra una íntima efeméride local. Sevilla mira hacia adentro, y lo mejor de su arquitectura hay que hallarla en los patios. En uno, de la memoria, el corazón nos late al recordar que hoy, en el tiempo sagrado, se cumple el cincuentenario de la composición de “Luna llena en Semana Santa”, uno de los poemas más hermosos sobre la ciudad, aunque sea de mucho más de lo que trata. Luis Cernuda lo escribió entre el 30 de marzo y el 5 de mayo de 1961; es decir, que, no fruto del azar (del azahar en todo caso), precisamente el Jueves Santo de aquel año, en Méjico, volvió los ojos del alma a la Semana Santa del niño Albanio, trasunto de la pureza infantil.
La salida de la luna
Se la ve, tímida, fosforecer, apenas una línea breve sobre la azotea. Luego irradia centuplicada luz en su remonte, y de la media circunferencia pasa a la espléndida de Cernuda, esa ‘llena / luna de parasceve’ de los memorables versos. Estos días la hemos visto ascender y luego dominar el cielo de la ciudad, pero gracias a la hora justa, y por lo despojado de la noche, un momento inolvidable fue el del domingo al paso de la Virgen del Socorro por Javier Lasso de la Vega, una calle bien trazada aunque sólo fuera por ese instante en que la luna se trasparece en el palio.
Quien da nombre a la calle fue un doctor y erudito, pero viendo la luna no cuesta trabajo imaginar que es a otro a quien honra el nomenclátor: el ultraísta Rafael Lasso de la Vega, quien, precursor ful de todas las vanguardias, pudo haber escrito de ella alguna japonesería, un delicado haiku pasado por la sensibilidad autóctona. Por ejemplo, uno en que la aérea y blanca oblea fuera modelada por la boca de una bocina cofrade, troquelada por un trombón de la banda de música.
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