Es Bárbara alumna del taller de poesía que imparto en la Escuela de Escritores. Especialista en Eduardo Chicharro y el postismo, da clases de español para extranjeros.
PALABRAS CON RAYMOND CARVER
“Tú lo entiendes mejor que nadie, Anderson”
“Los cisnes de Harley”
RAYMOND CARVER
Sales cuando es de noche,
casi dormida al cuarto de baño, el sabor del agua
en la piel agotada no hay demasiado tiempo
para deleitarse,
para saborearla.
El desayuno luego con los ojos cansados,
un café muy cargado, denso aroma
entre los labios.
Un poco de color en tu cara desvaída,
los alumnos no tienen por qué notar la mala
noche -dices-,
cuando dormir es como hundirse por un naufragio,
esta vez has leído hasta muy tarde.
La tristeza se instala en tu almohada,
el bálsamo son siempre las palabras.
Conduces contra el viento y la lluvia en la autopista,
la lluvia,
que se estrella furiosa en los cristales del coche,
un día sin estrellas.
Un día de un invierno sales cuando es de noche,
cualquier día al trabajo
suena en la radio una canción de David Grey.
Mientras tus ojos otra vez cansados
evitan unas lágrimas tan desobedientes
que ruedan insumisas
como gotas soplaran vidrio de color siena
sobre tu cara todavía en duermevela.
Desde donde estoy
desde aquí, las violetas afloran despacio.
No te olvides.
“Los cisnes de Harley”
RAYMOND CARVER
Sales cuando es de noche,
casi dormida al cuarto de baño, el sabor del agua
en la piel agotada no hay demasiado tiempo
para deleitarse,
para saborearla.
El desayuno luego con los ojos cansados,
un café muy cargado, denso aroma
entre los labios.
Un poco de color en tu cara desvaída,
los alumnos no tienen por qué notar la mala
noche -dices-,
cuando dormir es como hundirse por un naufragio,
esta vez has leído hasta muy tarde.
La tristeza se instala en tu almohada,
el bálsamo son siempre las palabras.
Conduces contra el viento y la lluvia en la autopista,
la lluvia,
que se estrella furiosa en los cristales del coche,
un día sin estrellas.
Un día de un invierno sales cuando es de noche,
cualquier día al trabajo
suena en la radio una canción de David Grey.
Mientras tus ojos otra vez cansados
evitan unas lágrimas tan desobedientes
que ruedan insumisas
como gotas soplaran vidrio de color siena
sobre tu cara todavía en duermevela.
Desde donde estoy
desde aquí, las violetas afloran despacio.
No te olvides.
Comentarios
Grazie tante Bárbara