Tras la impresionante muestra de este magnífico trabajo, no cabe si no quitarse el sombrero y agradecer tu investigación sobre la vida de Cernuda. Gracias por el humanismo, pues, tan necesario en estos tiempos de corderos y lobos homologados. No puedo dejar de dedicarte este poema incluido en mi segundo poemario Cuadernos de Lisboa (Ediciones En Huida, 2011). Espero que te guste. Un abrazo, Antonio.
TRAS EL CRISTAL
El extranjero sabe que ha llegado a la tierra de nadie, a su tierra baldía.
Sabe habitar su olvido, y, sin embargo, sigue, es un río que avanza en el desierto. Allá, lejos, un hombre solo cubre con su mirada, indolente, la vida, contemplando cómo tras el cristal del poema han pasado: montañas, campos, árboles… recuerdos de una Ítaca vencida para siempre.
Tras el cristal confunde, se equivoca, lo real es deseo que acaso mueve el tren, piensa por un momento, distraído, fiel al firme propósito de no volver jamás.
El río que ahora avanza en el desierto fue un hombre llamado Luis Cernuda.
Lejos de su contenido que me parece fantástico, me ha resultado chirriante ese ruido a pasar las páginas y ver como en una minúscula pantalla de cine se puede llegar a leer un libro. En un cuadernillo virtual, sólo la imagen trasciende. Pero se deja mucho atrás.
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TRAS EL CRISTAL
El extranjero sabe que ha llegado
a la tierra de nadie, a su tierra baldía.
Sabe habitar su olvido,
y, sin embargo, sigue, es un río que avanza
en el desierto. Allá, lejos, un hombre solo
cubre con su mirada, indolente,
la vida, contemplando
cómo tras el cristal del poema han pasado:
montañas, campos, árboles… recuerdos
de una Ítaca vencida para siempre.
Tras el cristal confunde, se equivoca,
lo real es deseo que acaso mueve el tren,
piensa por un momento, distraído,
fiel al firme propósito de no volver jamás.
El río que ahora avanza en el desierto
fue un hombre llamado Luis Cernuda.
En un cuadernillo virtual, sólo la imagen trasciende. Pero se deja mucho atrás.
He merodeado por su blog,
felicidades.