
Oh, gato que has pasado el climaterio,
¿cuántos ratones y ratas destruiste?
¿Cuántas golosinas robaste? Mírame
con esas rayas lánguidas, y eleva
tus orejas de seda, mas no claves
tus ocultas zarpas en mí: maúlla
suavemente, contándome tus luchas
con pescados, ratones y polluelos.
No lamas tus codillos deliciosos
ni bajes la cabeza, pese al asma
y las mellas del rabo: aunque los puños
de cien criadas te dieron buenas tandas,
aún tu piel es suave, cual, de joven,
lidiabas contra tapias de cristales.
Este es uno de los poemas que el inmortal John Keats dejó inéditos cuando a su cuerpo lo venció la tuberculosis, en Roma y en el año de 1821, pronto hará dos siglos. Y es el soneto al que Andrés Trapiello se refiere en una reciente y espléndida entrada de su blog, Hemeroflexia. Mi traducción forma parte de la antología Poemas de Keats, que, publicada en La Veleta (colección dirigida y diseñada precisamente por Trapiello), obtuvo en 2005 el I Premio Andaluz a la Traducción (posteriormente llamado Premio Rafael Cansinos Assens).
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