Como decía el griego, una golondrina no hace verano. Pero creo que hay mucho del verano en este poema que he escrito recientemente:
EL SALTAMONTES, LA LIBÉLULA
El saltamontes, la libélula,
el canto de aspersor de las chicharras
(su pequeña Provenza),
los limones lunares que maduran
como senos de doncellas, aún verdes;
las ramas en que mezclan el olivo y la higuera
sus hojas diminutas y sus hojas enormes
en esta encrucijada del estío
en que brevas y aceitunas se sientan
todavía en los mismos pupitres
bajo la escolanía de los pájaros;
todas estas señales y prodigios,
¿se irán un día por el sumidero?
¿Y vendrá, vendimia amarga, septiembre
a cosechar el mosto de nuestra resina
más negra y venenosa, la nostalgia
de este atardecer en el jardín de junio?
Comentarios
"Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve..."
Pero las estadísticas dicen que la primavera es la estación de los suicidios (además de la Navidad). Nos queda el invierno y por estos lares ha sido el más severo en muchos años: fríos intensos, temporales de viento y lluvias. Y más frío.
Excelente poema Antonio, cómo tu verano anticipa la melancolía del otoño.