Edward Thomas fotografiado por su hijo Merfyn meses antes de morir
EDWARD THOMAS (1878-1917)
Remembering again that I shall die
E. T.
Cuántos murieron gaseados,
cuántos por metralla o por gangrena,
la bayoneta o los fusiles
y las mentiras de otros.
De todas las muertes, la más limpia
fue la del poeta de la lluvia y los pájaros.
En plena victoria sobre los alemanes
salió de la trinchera de su batería
para, de otra forma artillero,
aplicar la llama a la cazoleta:
tabaco de Virginia ante la pólvora
como frágil muralla de la dicha,
volutas entre vastas humaredas.
Un cañonazo pasó tan cerca
que, confiado,
el obús se olvidó de atravesarlo.
Aunque no hallaron sangre en la guerrera
ni encontraron heridas en su cuerpo,
el corazón no supo resistirlo.
Diligente, se paró
al rozarlo la muerte.
En el frente de Arras cayó Edward Thomas.
A su lado la pipa, su humo aún
luchando contra el humo del incendio
que devoraba el mundo
como una brizna a la que engulle el bosque.
Comentarios