
"Para tener un rostro (...) uno no sólo debe gozar y sufrir sino también desear preservar la memoria de hasta las experiencias más humillantes y desagradables del pasado." Lo dijo W. H. Auden, el hombre cuyo rostro estaba surcado por mil arrugas, como acuchillados pases de baile en una pista de patinaje artístico.
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