
PUENTE DE HIERRO
Para Lola Terol
Después de jugar en la venta,
cuando era niño, los domingos
volvíamos por el puente de hierro:
el recio, el imponente, el inmutable
que ya no existe.
Aún me trae el traqueteo
de los neumáticos en sus planchas,
pero ya no cruza
aguas que no corrían;
como hoy yo, estancadas.
Desde que lo desmantelaron,
el río va ensanchando su cauce.
Mi infancia está del otro lado
aislada, inaccesible, en la neblina.
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