
Compraste el DVD aquel verano:
carátula con flores y la imagen
de una melancolía –Fanny Brawne–.
Pasaron las semanas, recorrimos
las regiones en torno, navegamos
en barca, cocinamos, y revistas
y novelas leímos muchas noches.
Pero nunca sacamos la película
del viejo estante azul en el que estaba.
Finalmente nos fuimos y dejamos
olvidado ese vídeo en la casa
de larga dicha en el verano breve.
Y nunca se consuma el desenlace:
constante como estrella, como él mismo
hubiera deseado ser, perenne,
eternamente en él el pobre Keats
no deja de posar para el retrato
que un fiel amigo pinta de él en Roma;
agoniza y jamás roza los labios
de aquella en cuyo prado el ruiseñor
entona melodías detenidas.
Siempre en el pañuelo el vino acerbo
de la tuberculosis derramada,
siente crecer las flores sobre él.
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Un abrazo