EN EL PECHO DEL NOBEL
Con la camisa abierta, la cortina
descorrida a un hogar
que envejece. A su lado, su esposa:
Filemón y Baucis
que no renuevan ya el vestuario.
Puntilla irregular,
queda una espuma plateresca,
deshilachada,
textil corona humilde y baja
al pie del cuello.
Amarillo y raído,
desordenado como el pelo arriba
-las canas greñas-,
el borde de la camiseta
hace más dios al hombre, por eterno.
Comentarios
Me gusta su trabajo profesor; que interesante que como Góngora este usted jugando a retomar del silencio las letras casi olvidadas de aquellos mitos, que nos han acompañado de una u otra forma esta historia del mundo a la que llamamos civilización. Algo de este mito me recuerda el amigo fiel de Wilde, pero que en la pluma del poeta inglés el final no es la fortuna de un verdor perenne.