Como aldabonazo de la temporada de festines y celebraciones, hace ya veinte días acudíamos los amigos Juan Lamillar, Antonio Serrano Cueto y uno mismo a la tertulia de los Mercuriales, siempre tan amena y de yantar tan largo. Mañana se cierra la época de los días ahítos, las jornadas pletóricas de confites y viandas, con el roscón de Reyes, y antes de que volvamos a la templanza he querido traer aquí la crónica de aquella tertulia junto con el poema escrito días antes y que leí para la ocasión, que puede interpretarse sub quadam specie indigestionis (que me corrija si me equivoco el latinista Serrano Cueto, sentado aquella noche a mi diestra):
FÁBULA DE FUENTES
Desatornilla el viejo sumidero.
Con el guante de látex y herramientas
que va cambiando al tiempo que fracasa
en dejar expedito ese desagüe,
desatasca una parte de los cienos
inmundos que atoraban el lavabo.
Otra se cae a las profundidades:
albura degradada en noche espesa,
un grumo que guardaba mil jornadas
de abluciones, espumas y dentífricos;
rutinas que el espejo recogió
mas no sin inmutarse, con las canas
y todas las arrugas de ese hombre
que ahora se las da de fontanero.
A punto del colapso, a duras penas
hace que corra el agua, y se retira
–lo mismo que ahora ésta por el codo–,
lavándose las manos, a comer:
y se encoge de hombros mientras traga
grasas y sal, en olvidanza pronta
de sus propias arterias obturadas.
Comentarios
Me hubiera gustado coincidir con vosotros. Acaso el tiempo ponga remedio.
Abrazo.