En la sala de mando del Almirantazgo, entorchados bucaneros del Imperio Británico o sus lastimosos restos, galones, bocamangas, con barquitos sobre un tablero, como jugando, la Dama de Hierro dijo a los oficiales: "Húndanlo". Y cientos de argentinos se fueron al fondo del Atlántico Sur por la orden de la señora. Me da igual que la Junta Militar argentina fuera un hatajo de criminales (entre asesinos andaba el juego). A cierta distancia, todas las guerras parecen absurdas, como muchas paces. En la inmediatez de aquella locura Fogwill escribió una alucinación que aún hoy perturba: Los pichiciegos.
Esta fotografía la tomé en Ushuaia hace un par de años. El soneto -que traigo sólo por su valor testimonial- lo escribí hace treinta. Podría también extender mi sentimiento hacia Thatcher sobre la isla de Irlanda, pero me limitaré a una frase común en camisetas y adhesivos: Tá gráin agam ar Thatcher fós. Todavía odio a Thatcher.
(La película, bien: una fina interpretación adecuada al panegírico)
A LOS MUERTOS DEL “GENERAL BELGRANO”
Más que afligirse ya, mi pecho rabia,
y más que ser hoy muertos sois simiente.
El mar helado acoge en vuestra muerte
sangre fértil y renovada savia.
El mismo pirata, aunque su arma cambia,
ahora os ha devuelto al mar rugiente,
el mar de nuestras patrias frente a frente:
Palos es Comodoro Rivadavia.
Es tanta y tan urgente la impaciencia
por ver vuestra victoria, que presiento
triunfar justa y fatal vuestra inocencia,
ver la bandera de Belgrano al viento
—dichosa imagen su única presencia—
de Drake o de la Thatcher escarmiento.
Comentarios
Les cae sí el reproche histórico de haber sido cándidos ante los "bucaneros" (que Ud. llama muy bien) del otro lado del Atlántico, que fueron quienes le proporcionaron a la "Dama de Hierro" las coordenadas necesarias para despachar su tremendo asunto.
Un cordial saludo