No importa que sean de plástico o metálicos, nada que de elegante aluminio. Por cómo absorben y se pierde el tiempo ante ellos, los ordenadores, se diría que son de piedra imán.
Extraña piedra imán que no atrae hierro sino carne y vista fija que va deteriorándose. Y que devuelve a las cabezas que atrapa -oh transformación de las moléculas- puro serrín.
Un ordenador es eso: un imperativo mandamás y mandarín que tiraniza, déspota de disco duro, nuestras vidas.
Comentarios
Un abrazo.
http://www.youtube.com/watch?v=a911pAxe6nk